¿Cómo hacerlos útiles los datos de un estudio etnográfico? ¿Como traducir hallazgos para que sean útiles?[An English version of this post appeared below, here.]
Biólogos y ingenieros y—de vez en cuando—antropólogos se dedican a especificar la realidad, de documentar, de organizar lo complicado de la realidad en fórmulas, en taxonomías, y lo ponemos "en orden." Así es que intentamos de conocer lo que sea diferente, lo que sea lo mismo; es decir que hacemos categorías, compartimentos, listas. Descomponemos la realidad para lograr una nueva visión de lo que encontramos en la naturaleza, en el día en día, en la experiencia humana.
Todo bien. Pero ¿es adecuado el ojo frío del científico para innovar, para diseñar? Mi reciente experiencia en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, me hace pensar. . .
Estuve tres días dando un taller, con un grupo súper capaz, súper diverso, súper listo y talentoso, explorando la metodología y epistemología de la antropología en cuanto a estudios para el diseño de servicios y productos. Fuimos al calle, sacábamos fotos, charlábamos y discutíamos. Me dieron permiso de usar mi español californio (y de vez en cuando lleno de Espanglishismos). Trabajábamos muy duros, todos.
Ahora bien. Día tres. Tuve el desafío de unir la experiencia del grupo en un resultado final, de empezar con un proceso de diseño frente a las necesidades que encontrabamos en la calle de Santa Cruz, en el mercado, en el parque, en el comercio. ¿Cómo hacerlo? Soy antropólogo; no soy diseñador. Pero gracias a Diós, tengo un collega en Los Angeles, Hai Nguyen, cuya formación de diseñador industrial me sirve como bastón. Le llamé por Skype y me dió sus consejos: seguir adelante con el proceso de dibujar soluciónes, de dejar a lado (por el momento) las especificaciónes y listas de necesidades interminables que resultaron de la charla y del encuentro con la calle. "Dejen las ideas fluir," me dijo. Buen consejo.
Pero cuando empezaron el último día, yo regresé a mi habitus analítico: empecé de darles al grupo listas de instrucciones muy detalladas. Hasta que me interrumpió un joven semiólogo del altiplano, un tipo simpático de esa ciudad tan colonial y minera que se llama Potosí. El estudiante me dio un "momento de enseñanza" (a teachable moment, como dicen los pedagogas).
Levanto la mano y me dijo: "Creo que haya algo para añadir al proceso."
"Hay que incluir la risa, el elemento lúdico. Si no sea divertido ¿qué tenemos, pues?" me preguntó.
Relámpagos. El soñar con el futuro es un proceso humano, y si olvidemos eso en nuestros esfuerzos "científicos" olvidemos por que y para que trabajamos.
Empezaron unas risillas sofocadas. Je je je. Y empezaron los grupos con su taller, trabajando, charlando, con risas y sonrisas.
Los resultados fueron desenfrenados, innovadores, impresionantes. Y me di cuenta de que el análisis es una cosa y la creación es, en cierto sentido, otra. Entre los dos si no entra una carcajada, olvidamos el elemento mas humano del proceso.
0 comments:
Post a Comment